El volante no era un arma, pero ellos lo usaron como si lo fuera.
Cuando la furia conduce, el hospital siempre espera en la meta.
Ese choque fue patrocinado por la falta de neuronas.
Spoiler: gritarle al tráfico no arregla los frenos.
La ira al volante convierte un coche en un misil con cinturón de seguridad.
Ahí no chocó el auto… chocó el ego a 200 km/h.
Karma tiene más reflejos que esos conductores.
Cuando manejas con rabia, siempre pierdes… aunque ganes el choque.
Ese semáforo vio más drama que una telenovela mexicana.
El asfalto no perdona los berrinches de adultos en cuatro ruedas.