Cuando la estupidez conduce, la chatarra siempre llega primero.
Ese camión no frenó, decidió convertirse en demolición gratis.
Más choques que mi historial en Tinder.
El volante no era un juguete, pero ellos hicieron el tutorial.
Plot twist: el cinturón fue el único con cerebro.
La estupidez venía en 18 ruedas con turbo incluido.
Ese coche quería volar, pero terminó en versión origami.
La carretera es dura, pero el ego es más frágil.
Ese “confía en mí, manejo bien” terminó en tráiler de desastre.
La física no negocia con idiotas, solo les cobra peaje.