Ese coche no chocó, solo quiso abrazar un rayo.
Cuando Zeus se une al tráfico, los idiotas tiemblan.
Spoiler: el karma también tiene modo eléctrico.
La tormenta fue menos peligrosa que el conductor.
Más rayos que en un concierto de AC/DC.
Ese no fue un accidente, fue un casting para película de superhéroes.
Cuando piensas que dominas la carretera, llega Thor a corregirte.
El karma no frena… pero el poste sí.
Ese coche quedó más iluminado que un árbol de Navidad.
El rayo fue rápido, pero la estupidez iba a 200.
Plot twist: el airbag fue el único que aprobó la misión.
La tormenta no mata… la arrogancia sí.
Cuando tu GPS debería decir “recalculando: directo al infierno”.
El conductor jugaba Mario Kart, pero sin vidas extras.
Ese coche no necesitaba gasolina, necesitaba exorcismo.
El karma vino con relámpagos incluidos, versión premium.
Ese trueno fue el aplauso de la naturaleza al desastre.
El rayo cayó, pero la estupidez ya estaba encendida.
¿Seguro que eso era un auto y no un pararrayos con ruedas?
Cuando mezclas furia, lluvia y ego: receta perfecta para el caos.
La tormenta decía “no salgas” y el idiota entendió “acelera”.
Ese coche quedó más chamuscado que mi pizza olvidada en el horno.
El ego es inflamable, sobre todo bajo un rayo.
La lluvia lava pecados, pero no arregla choques.
Ese momento incómodo cuando tu coche hace cosplay de chatarra.
Más drama que una telenovela mexicana, con efectos especiales gratis.
El rayo fue gratis, pero la grúa no.
Ese “no pasa nada” terminó en “no quedó nada”.
El karma se tomó muy en serio el “ilumínalos, Señor”.
La estupidez no necesita paraguas, necesita un casco de hierro.