Cuando la ira conduce, el hospital siempre espera en la meta.
Ese choque fue cortesía del ego con exceso de velocidad.
Spoiler: gritar no frena el coche.
La carretera no es terapia, pero varios lo intentaron.
El karma aplicó “frenazo automático” versión salvaje.
Cuando piensas que eres invencible, llega el guardarraíl a recordártelo.
La estupidez con turbo nunca gana contra el asfalto.
Esa bocina no salvó a nadie, pero sí al karma de aburrirse.
El resultado de mezclar ira + volante = desastre premium.
“Yo controlo” → famosa frase antes del choque del siglo.