Ese segundo de gloria terminó en años de vergüenza.
Cuando el ego acelera, los frenos no existen.
Spoiler: la física no perdona ni a los valientes.
Más cerca de la tragedia que de la inteligencia.
Ese adelantamiento fue su carta de invitación al karma.
De “control total” a “cámara lenta de la desgracia”.
El volante en sus manos parecía un arma cargada.
La estupidez no avisa, pero siempre impacta.
Ese instante antes del choque fue pura arrogancia.
La carretera graba, el karma edita.