Ese tipo pensó que la bocina era un superpoder… y terminó estampado.
La ira al volante solo tiene dos finales: multa o ambulancia.
Spoiler: gritarle al tráfico no activa frenos mágicos.
Ese choque fue patrocinado por “me creí dueño de la carretera”.
El ego en primera, el karma en quinta.
Cuando el volante se convierte en joystick de furia, el resultado es “Game Over”.
Ese tipo pasó de Fast & Furious a Slow & Ridiculous en un segundo.
La estupidez no respeta semáforos, pero el karma sí respeta las leyes de Newton.
Un segundo de rabia, una vida entera de arrepentimiento.
Ese adelantamiento fue tan inútil como discutir con el semáforo.