Cuando el volante se convierte en terapia de ira… y la grúa en psicólogo.
Spoiler: el ego no tiene airbag.
El karma no toca la bocina, llega directo al parabrisas.
“Yo controlo”… 3 segundos después: “llama a la ambulancia”.
La estupidez nunca respeta semáforos ni señales.
Ira al volante: curso rápido de cómo conocer a la policía.
El camino más corto entre la arrogancia y el remordimiento es un choque.
Cuando el volante se usa para boxeo, el pavimento gana siempre.
Karma Express: sin frenos, sin pausas, solo caos.
Si la rabia fuera combustible, estos idiotas viajarían a Marte.