Ese momento previo fue más inquietante que cualquier película de terror.
Cuando el instinto dice “frena”, pero el ego dice “acelera”.
Spoiler: el desastre estaba a solo segundos.
Ese giro fue un recordatorio de que la física nunca miente.
Quiso impresionar, terminó enseñando cómo no conducir.
La anticipación de este choque duele más que el impacto.
Ese semáforo rojo tenía razón, él no.
Velocidad + distracción = receta para desastre instantáneo.
El karma ya estaba en camino antes del primer giro.
Cada segundo previo grita: “Prepárate, esto va a doler”.